|
Net.Sala
Este espacio está dedicado a la proyección y difusión del arte digital o net.art. Desde aquí queremos animar a cuanto net.artistas quieran acercarse para mostrarnos sus trabajos. Próximamente comenzaremos a diseñar la programación.
Net.Escape
Ante las recientes propuestas de arte electrónico divulgado a través de redes telemáticas o en mecánicas multimedia, los museos tradicionales han de afrontar los desafíos de unos soportes inéditos y, de una forma visionaria, habrán de analizar las características que los nuevos medios nos ofrecen. Para acercarse a estos soportes, sin tropezar con la confusión entre medio y miedo, se hace necesario analizar las novedades de los nuevos medios desde diferentes perspectivas como las de creador, expositor y visitante. La Red, como nuevo medio de comunicación del Arte, sugiere la existencia de enésimos espacios expositivos y provoca que se tambalee la noción tradicional de Museo como lugar privilegiado de percepción artística en el que se busca la percepción de algo que no se haya en lo cotidiano.
Indudablemente, desde la actitud de espectador hay mecanismos no conscientes que se activan cuando se entra en un museo y, en contra, otros que se adormecen a los primeros pasos. Los nuevos medios, y por ende la nueva creación, rompe estas limitaciones circunstanciales para ofrecernos un Arte consumible en cualquier lugar; otros retos perceptivos y expositivos y de conservación en los que trabajar con nuevos formatos y métodos de representación. Y, si no nuevos espectadores, nuevas expectativas respecto a la Obra.
En cualquier caso, es innegable que la presencia de Net.salas en algún ordenador personal provoca inéditas actitudes comunicativas entre artista y navegante, e incluso paraliza la relación entre creador y expositor desde el momento en que un artista puede exponer su mensaje, de libre acceso, a un número de usuarios inclasificable y empleando un código propio. Un lugar intangible y virtual donde la obra de Arte es inaprensible y no es sólo el documento multimedia en sí (la web o el software), sino también el proceso que produce su percepción (la acción) en un tiempo virtual y diferido (tiempo cero). Novísimas situaciones que pasan por la interactividad, la individualidad, la simulación o la posibilidad de retrocomunicación, inusual en los medios de comunicación de masas e inviable por ahora en un museo tradicional.
El nacimiento de los movimientos artísticos contemporáneos, con las primeras vanguardias, estuvo motivado en parte por el desgaste de la figura del mecenas como eje primario que encargaba la obra al artista, situado en un segundo plano. El artista se convirtió en el creador único de una obra que cobraba sentido cuando era percibida por el espectador -y no por el cliente-.
De esta manera, en el Arte divulgado a través de soportes multimedia se fomenta una relación entre autor y espectador basada en la interdependencia autónoma de ambos agentes. Las fronteras entre Arte y Comunicación se disuelven y se hacen menos evidentes en el momento en que los soportes se intercambian, y los adelantos tecnológicos en materia de telecomunicaciones son utilizados por el artista como herramienta de creación y por el espectador como medio de explorar el mundo. Los límites de lo comunicable vendrán señalados, precisamente, por estas limitaciones tecnológicas, del mismo modo que las representaciones pictóricas están condenadas a la bidimensionalidad. Sin duda, la expresión artística también consiste en explotar las propias trabas del medio porque, como apuntó Rudolf Arnheim respecto al Cine como Arte, estas limitaciones son precisamente las que definen al medio.
En las comunicaciones telemáticas, incluso un concepto tan adherido al Arte como el de autoría podría verse modificado hacia un auténtico arte colaborativo en el que en algunos casos incluso interviene el público; una circunstancia insólita en Arte Tradicional; la interactividad parece un elemento habitual en net.Art. La autoría puede también permanecer nublada ante un osado copyleft o, en un extremo, el anonimato virtual del agente comunicador. En un Centro tradicional de exposición es fácil conocer la autoría de la obra desde una fuente fiable, así como su año de creación, sus medidas, etcétera. Sin embargo, los visitantes de net.Art se enfrentan a una auténtica entropía de datos, bits, ceros y unos. Se hace evidente, ante este panorama, la necesitad de una entidad firme que vele por el análisis, catalogación, valoración y conservación de net.obras.
Precisamente, el net.Art, en el que se prima el libre acceso por un lado y la libre exposición por otro, parece escaparse por ahora de una manera inconformista (subversiva a veces) a la propiedad privada, al concepto de posesión de la Obra y al neoliberalismo omnívoro. No es en absoluto descartable que en unos años coexistan coleccionistas de Arte digital con los de Arte en formatos más tradicionales, como ha ocurrido de una manera lenta y progresiva con el videoarte. Sin olvidar que la creación en Red es una herramienta creativa más que se suma a la tendencia multidisciplinar por parte del artista contemporáneo.
En este sentido, el mercadeo de obras de Arte también puede producirse a través de redes conectadas, coexistiendo con los mercados tradicionales. Es fácil observar que numerosas galerías de Arte -tanto tradicional como contemporáneo- ofrecen sus catálogos a través de Internet y los ávidos inversores en Arte compran sin admirar realmente la obra original, sino su representación virtual. Un caso particular es el portal de subastas eBay, hermana canalla de Christie´s, donde cualquier cibernauta puede ofertar y comprar productos de lo más variopinto: desde grabados de Picasso hasta bocadillos a medio comer por estrellas de MTV.
Lo que está claro es que la aceptación generalizada del Arte en nuevos medios pasará, tarde o temprano, por su valoración mercantilista, del mismo modo que ocurrió con las vanguardias cuyos autores, antaño, denostaban el museo tradicional como lugar de exposición por su carácter canonizador. Sirvan de ejemplo la actitud (literalmente) incendiaria de los futuristas o la incesante interrogación que plantearon las propuestas de Marcel Duchamp, obras que hoy en día se pueden contemplar sin rubor en Centros de Arte Contemporáneo porque han sido aceptados por públicos y expositores y, acaso también, porque han sido explotadas económicamente. El Museo, de alguna manera, ha creído responder a esos retos planteados en el pasado reciente de una forma atrevida, sin miedo, por ejemplo, a la representación, quizá porque también el visitante sabe (o intuye) la diferencia entre admirar el original o su copia. Situación que difícilmente ocurrirá con la creación en nuevos soportes. El contenido de la obra electrónica se muestra invariable al lugar de exposición. En estos casos, la diferencia radica más en la forma (de exposición, de percepción) que en el contenido real (virtual, en este caso) de la obra. Por ello, los centros de Arte con paredes se enfrentan, actualmente, al reto de actualización de sus funciones en lo referente a catalogación, exposición y, en mayor medida, conservación de la obra digital (net.Art, software de arte virtual) o intangible (videoarte, performances) y tienen el imperativo social de hacerlo, del mismo modo que ya digitalizan sus obras en soportes tradicionales, aprovechando las ventajas de esta tecnología.
Si el Arte Contemporáneo se ha caracterizado por su carácter abierto e innovador, en la actualidad debe hacer frente a los nuevos retos que se le presenta para seguir sirviendo de espectáculo y pensamiento crítico para la sociedad actual.
Txema Martín
|
|